
Este fin de semana Alcorcón ha centrado la atención de los medios de comunicación. Las revueltas acaecidas, tras la pelea que dejó grave a un joven de la localidad a manos de una banda latina, han recordado en parte a los sucesos que vivió El Ejido, cuando se sucedieron distintas persecuciones a marroquíes.
La zona sur de Madrid es un ejemplo de gente trabajadora, humilde y tolerante. El llamado "cinturón rojo" simplemente ha vivido un hecho aislado, pero que por desgracia demuestra una realidad, que la integración de los inmigrantes no está siendo la adecuada. Y cuando tocamos este tema solemos culparnos a nosotros, al Estado en general. El Estado ha de abogar por una correcta integración, se suele decir, sin embargo lo que no se reprocha como debiera es algo obvio, y es que el Estado puede intentar hacer mucho, pero si no existe colaboración por la comunidad inmigrante, dichas iniciativas quedan en saco roto.
La población sudamericana que viene a España, viene en su mayoría a trabajar, no cabe la menor duda de ello. A ellos les debemos parte del crecimiento de nuestro país, además de que comparten vínculos culturales con nosotros muy estrechos, especialmente una lengua, que gracias a la comunidad latina, se extiende por países como los EEUU. Ahora, también es cierto, que entre esa inmigración se cuela cierta minoría acostumbrada a la "ley de la calle" y a prácticas violentas. Las llamadas bandas latinas son una realidad, a pesar de que la delegada del Gobierno en la Comunidad no lo quiera ver.
El aluvión de declaraciones no se ha hecho esperar. Acebes ya diciendo que eso con ellos no pasaba... y Llamazares avisando del racismo. El único que parece haberse desprendido de los tabues que una persona de izquierdas, para no ser tildada de "facha" , no ha de decir, ha sido Miguel Sebastián. El candidato a la alcaldía ha propuesto que aquello inmigrantes que delincan se vean forzados a abandonar nuestro país.
El tema es serio, y en juego están muchas cosas. La seguridad ciudadana, y además que por desgracia, y como suele pasar, "paguen justos por pecadores". Un endurecimiento de las leyes, incluida la derogación de la actual ley del menor, pueden ayudar a frenar dicha oleada de bandalismo. Hay que atajar la delincuencia, y eso no se consigue con revueltas y oleadas de enfervorizados con bates de beisbol, sino con el temor a una autoridad respetada y firme, y eso solo se logra adaptando la ley a las circunstancias del momento.
